No tener ganas...

11.11.2014

¿Cuántas veces hemos dicho estas palabras? En general representa un estado anímico que nos lleva a la inacción. Entenderemos inacción como no poder o querer moverse. Así, varias cosas parecen no tener atractivo alguno. Queremos que algo en forma casi mágica nos entusiasme y pueda hacer reír, pasar un buen rato. Sin embargo, eso no llega.

Te sientes identificado con estas líneas. Bueno, es momento que reflexiones en forma consciente sobre esta sensación. Muchas veces está ligado a eventos externos ((término de una relación significativa, ambientes agresivos al que se enfrenta de manera frecuente y sin poder evitarlo, pérdida de un ser querido, etc.) o del organismo (cambios hormonales, etapas de crecimiento, alguna alteración en el organismo). En ocasiones, incluso puede causar dificultad encontrar la causa. He aquí algunas simples recomendaciones para que abordes a tiempo esta situación y vuelvas a disfrutar de las actividades que antes te llevaban a la acción, es decir, poder y querer moverse.

  1. Pide una hora con un médico de tu confianza para que se realicen todos los exámenes necesarios de control sano. Recuerda llevar los resultados a tu médico. Ellos saben entenderlos en forma integral.
  2. Empieza una bitácora: busca un cuaderno y lápiz que te guste. Lleva un registro diario de las cosas que no quisiste o pudiste hacer, horarios, personas y todo lo relacionado para que puedas ver si hay momentos del día en que tu sensación cambia. Esta sugerencia será un tanto difícil al inicio. Por ello, has lo que puedas, poniendo como meta escribir un poco más al día siguiente.
  3. En las mañanas, antes de desayunar, realiza tres respiraciones profundas, botando el aire con fuerza, como si sacaras todo el aire vicioso. Mueve tus brazos, muñecas, cabeza y piernas. Solo unos minutos para activar tus músculos.
  4. Desayuna. La primera comida será bien recibida por tu organismo que está esperando nutrición. Si no es tu costumbre, empieza por algo simple, agrega una fruta, un jugo natural, un yogurt.
  5. Busca un espacio para ti. A veces el día termina y quedamos con esa sensación de que todos los días son iguales. Bueno, depende de ti. 10 minutos diarios para escuchar la música que te gusta, para leer ese artículo, para estar en silencio. Puede ser algo tan simple como sentarse en el banco de una plaza. Ese es tu tiempo y tienes derecho.
  6. Antes de dormir, baja todo tipo de estimulación, al menos 5 minutos antes. Muchos pacientes indican esta acción como prácticamente imposible e incluso que necesitan un televisor o música para dormir. Si ese es tu caso, la idea no es que cambies tus hábitos drásticamente, pero si intentar salir de ese estilo para que tu sueño sea reparador. Está demostrado que el alterar en forma frecuente las horas y etapas del sueño, éste no logra ser reparador y uno de los efectos directos es la irritabilidad y desconcentración.
  7. Si estás pasando un momento complejo, como los que mencioné como eventos externos, busca un espacio de conversación, idealmente con un profesional de la salud, que te permita pasar ese proceso, enfrentarlo y superarlo. Si no lo enfrentas, seguirá ahí y con el tiempo puede llegar a tu inconsciente, es decir, afectarte sin que puedas controlarlo.

Estas son solo algunas sugerencias. Busca esa agradable sensación de querer y poder hacer cosas y disfrutarlas. A veces cuesta empezar, pero una vez que lo hagas cada vez será más fácil. La felicidad, en una de sus definiciones, es la suma de momentos felices. El ver esos momentos depende de ti.

Fuentes:
Academy of cognitive therapy.
Akhtar, M. (2012) Positive Psychology for overcoming depression: Self – Help strategies for happiness. London.
Ruiz y Cano,Manual de psicoterapia
Cognitiva. Aplicaciones clínicas.
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